¿Por qué un comercial de alarmas debería ser experto en seguridad?
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Descubre por qué la seguridad exige criterio técnico. Experiencia militar, visión comercial y criminología aplicadas al asesoramiento en seguridad.
Durante años el sector de las alarmas ha operado bajo un enfoque simplista. Vender dispositivos como si la seguridad fuera una suma de sensores y cuotas mensuales. La realidad es otra. La seguridad mal planteada no solo es ineficaz, también puede convertirse en una vulnerabilidad.
Mi perfil no nace de una única disciplina. Se construye desde tres planos que, bien integrados, aportan valor real. Experiencia militar, recorrido comercial y formación universitaria en Criminología y Ciencias de la Seguridad. No es una combinación habitual, pero sí necesaria para entender la seguridad como un sistema y no como un catálogo.
Desde el ámbito militar aprendes que la seguridad empieza antes del incidente. En la planificación, en la lectura del entorno, en la evaluación de amenazas y en la toma de decisiones con responsabilidad. No existe la seguridad reactiva eficaz. Solo existe la prevención bien diseñada.
Desde el mundo comercial aprendes que, si no sabes escuchar, explicar y generar confianza, ningún análisis técnico se traduce en acción. Pero vender no puede ser sinónimo de meter miedo ni de colocar tecnología sin criterio. La venta profesional exige asumir que lo que recomiendas tiene consecuencias reales para el cliente.
La formación en Criminología y Ciencias de la Seguridad añade la capa que falta en demasiados discursos comerciales. Método para analizar riesgos, comprensión de patrones delictivos, conocimiento normativo y una visión preventiva basada en datos, no en percepciones. Hoy la seguridad ya no es solo física. Es integral. Física y lógica. Un sistema de alarmas mal diseñado o mal configurado también puede abrir una puerta en la red del cliente. Y eso muchos lo ignoran.
Como asesor, esto me permite aportar valor tanto a clientes particulares como a empresas. Analizar vulnerabilidades antes de presupuestar. Ajustar el nivel de protección al riesgo real. Evitar sistemas que no cumplen los Grados de Seguridad exigidos y que pueden dejar al cliente desprotegido incluso frente a su aseguradora en caso de siniestro. Traducir la normativa en decisiones prácticas que reducen riesgos legales, operativos y económicos.
También aporta valor a las propias empresas de alarmas. Eleva el nivel del discurso comercial. Reduce incidencias y falsas expectativas. Mejora la reputación del sector. Convierte la venta en consultoría técnica y alinea el interés del cliente con el de la empresa a medio y largo plazo.
El sector está cambiando. Los clientes ya no buscan solo tecnología. Buscan criterio, conocimiento y responsabilidad. La pregunta es si los profesionales y las empresas están dispuestos a dar ese paso.
El sector está cambiando y los clientes ya no buscan solo tecnología, sino criterio. ¿Están las empresas y profesionales a la altura del reto?
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